UN LUGAR SAGRADO EN LAS PUERTAS DE LA PATAGONIA
(del blog de este mes)
Frutillar es una pequeña ciudad en el sur de Chile a orillas del lago Llanquihue, tiene 15.000 habitantes y, como muchas ciudades de esa zona, es un lugar tranquilo, con una flora y fauna envidiable, vida sana y una exquisita cocina. Frutillar fue poblado en gran medida por colonos alemanes a mediados del siglo XIX y siguiendo la más pura tradición germana, la música es una parte central de la vida. La virtud de las generaciones actuales ha sido mantener esa tradición, cuidarla y proyectarla hacia el futuro. Impresiona descubrir en las puertas de la Patagonia, al Teatro del Lago, una magnífica obra de Ingeniería y Arte. No exagero en decir que el lugar es fruto de lo mejor de la naturaleza y lo mejor del hombre. La majestuosidad del volcán Osorno y la paz que da el lago Llanquihue se mezclan con miles de árboles, decenas de tipos aves, un cielo impresionantemente azul y un aire purísimo. Entre toda esta belleza se emplaza el teatro, una obra notable, no solamente por la fachada de madera y cobre, sino por la acústica misma de la sala de conciertos, que lo sitúan como uno de los mejores teatros del mundo. La relación entre la arquitectura y la música está presente en cada detalle acústico y visual: en la madera, en los espacios, en la luz y en la integración con la naturaleza. Asistí a un concierto, en la sala principal, con obras de Beethoven, Poulanc, Debussy y Brahms; la calidad del sonido, y la majestuosidad y calidez del lugar, hicieron de ese momento algo realmente único. Emociona saber que existe gente que destina sus fortunas personales a la creación y mantención de un espacio como este. Desde este humilde sitio le envío un saludo lleno de gratitud a la familia Schiess y a todos los que colaboran con este espacio sagrado.





